El año 2012, lleno de paradojas para la vitivinicultura, dio lugar a una gran añada, superando múltiples retos.
Una serie de sucesos meteorológicos se abatieron sobre los viñedos: heladas en invierno y primavera, lluvias torrenciales, granizadas y periodos de frío mientras las vides florecían, además de intensas olas de calor durante el verano.
Un tiempo cálido y seco palió las preocupaciones sobre la salud de la uva, favoreciendo la maduración de la fruta. La vendimia comenzó el 10 de septiembre.
La cata de las uvas reveló una gran promesa, con un buen equilibrio entre frescura y generosidad.